La decisión es humana
Ninguna decisión sobre su caso la toma una máquina. La teoría del caso, la estrategia, el criterio y la firma son míos, y de nadie más. La herramienta ordena información; no valora prueba ni decide.
Uso inteligencia artificial en mi trabajo. Lo declaro abiertamente porque lo que usted merece saber no es si la uso, sino con qué límites y quién responde por el resultado. Respondo yo.
Ninguna decisión sobre su caso la toma una máquina. La teoría del caso, la estrategia, el criterio y la firma son míos, y de nadie más. La herramienta ordena información; no valora prueba ni decide.
Si en su asunto uso estas herramientas para algo relevante, se lo digo. No presento como propio un trabajo que no he revisado ni hago pasar por análisis lo que es un borrador automático.
Estos sistemas inventan citas con total aplomo. Ninguna norma, sentencia o dato sale de mi despacho sin contrastarse contra la fuente oficial. Un error así en un escrito judicial no es un descuido: es una falta profesional.
No introduzco datos que permitan identificarlo a usted o a su asunto en herramientas de uso público. La reserva profesional no se suspende porque el destinatario sea un programa.
Conozco la lógica de estos sistemas y, sobre todo, dónde fallan: sesgos, alucinaciones y una seguridad aparente que no distingue lo cierto de lo verosímil. Esa formación es lo que permite usarlos sin quedar a su merced.
El Reglamento (UE) 2024/1689 de inteligencia artificial es hoy la regla más exigente del mundo en la materia. No me obliga: no ejerzo en la Unión Europea. Lo adopto de todas formas, porque marca el nivel al que debería trabajar quien maneja asuntos ajenos con estas herramientas.